¿Puede el Albatece Balompié desaparecer?

De todos es sabido que el fútbol español se encuentra en una situación económico-financera calamitosa. La práctica totalidad de los equipos que integran las dos principales divisiones españolas tienen cuantiosas deudas con acreedores de todo pelo, principalmente con la Hacienda Pública. Son pocas, aunque honrosas, las excepciones a esta triste regla.

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El principal motivo por el que se ha llegado a esta situación es la pésima gestión llevada a cabo, de manera general, por los dirigentes de estos clubes, aunque el asunto daría para varios post y no es el objetivo concreto de éste que nos ocupa. Aquí y ahora pretendemos explicar cuál es la situación en la que se encuentra el Albacete Balompié S.A.D.

El histórico club manchego tiene una única deuda por IRPF con el Fisco, aunque ésta es de una cuantía muy importante: 1.848.000 euros. Desde el club insisten en recordar que no hay más acreedores y que la plantilla y demás trabajadores se encuentran al corriente de pago. El acreedor, no obstante, aduce que las deudas por IRPF son inaplazables, cosa de la que dudan los dirigentes del equipo albaceteño, lo que le lleva a rechazar la propuesta realizada por el club de realizar un pago del 35 % al contado y la cesión del 45 % de los derechos televisivos. La Agencia Tributaria opta, sin embargo, por embargar dichos derechos televisivos, lo que de hecho supone que la directiva, presidida por José Miguel Garrido, se vea en la obligación de solicitar ante el juzgado de lo mercantil de Albacete la liquidación del club, cosa que tiene lugar el pasado 19 de febrero.

Días más tarde, la jueza de dicho tribunal nombra como administrador judicial a José Ángel Muñoz, quien pasa a tomar las riendas del club a nivel ejecutivo (la directiva oficial queda únicamente con funciones de representación). El administrador judicial tiene desde el momento en que es nombrado un plazo de quince días para elaborar un plan de liquidación. Posteriormente se abre otro plazo de quince días más para que se produzcan las alegaciones que las partes consideren oportunas y, finalmente, otros quince días para que en el juzgado de la capital albaceteña se pronuncien sobre el caso. Dado que los plazos hacen referencia a días laborables, el proceso puede retrasarse más de dos meses.

Expertos en procesos concursales de entidades deportivas coinciden en señalar que lo habitual es que se produzca la venta de la unidad productiva en su conjunto, incluyendo la licencia federativa, bien sea en una venta directa o mediante subasta. Ello tendría como consecuencia que el Albacete no desaparecería. No obstante, si no se lograra acordar la venta global, la entidad habría de liquidarse por partes, lo que ya no aseguraría la supervivencia del otrora llamado «queso Mecánico».

El siguiente momento a tener en cuenta será, aproximadamente, el 18 de marzo. Para esa fecha la administración judicial de José Ángel Muñoz habrá de tener listo el plan de liquidación. Veremos a ver qué pasa entonces.

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¿Cómo afecta la inflación a las deudas?

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Para contestar a la pregunta primero hay que saber que, en economía, el valor de las cosas, es decir el valor de los bienes y servicios, así como de la deuda, se puede medir en términos nominales y en términos reales. En primero de ellos hace referencia al precio en sí del objeto, material o inmaterial en sí. Es decir, es lo que “dice la etiqueta que vale”. Este valor, en ausencia de depreciaciones por el uso u obsolescencia, no se modifica. Es decir, lo que hoy te cuesta 10 euros, en 20 años seguirá habiendo valido 10 euros. Hasta aquí sencillo.

La valoración en términos reales, cuyo entendimiento ya no es tan obvio, hace referencia al valor de las cosas en función de lo que valen el resto de los bienes, que quedan representados por el nivel general de precios. Este nivel general de precios, como todo el mundo sabe, puede subir (inflación) o bajar (desinflación o, si se prolonga en el tiempo, deflación), lo que afectará al valor real de las cosas. También puede mantenerse, lógicamente, aunque no es habitual que suceda. Así que, mientras no tengamos inflación, esto es, mientras el nivel general de precios se mantenga, el valor nominal y real de las cosas coincidirá. Sin embargo, si hay inflación o deflación, el valor real de las cosas se modificará. Esto es, si un libro vale hoy un euro y hay una inflación anual del 100% (caso extremo para que se comprenda el ejemplo), el libro, que seguirá valiendo en términos nominales un euro, en términos reales valdrá en un año la mitad (1 € / 2 = Precio nominal / Nivel general de precios actualidazo  = 0,5 €).

¿De qué manera influye la distinción entre valoración en términos nominales y reales a las deudas? Siguiendo con el ejemplo de los libros, influye en que si compras diez libros hoy con la promesa de pagarlos dentro de un año, es decir, si generas una deuda por valor de diez euros pagadera dentro de 365 días, y hay una inflación del 100 %, cuando, al pasar ese año, saldes la deuda mediante el desembolso de los diez euros, en realidad estarás pagando la mitad, ya que esos mismos libros valdrán, entonces, veinte euros. Es decir, que el dueño de la papelería cobrará efectivamente diez euros menos de los que cobraría si los cuadernos te los vendiese cuando efectivamente los pagas.

Esta explicación se puede extender, lógicamente, a la deuda pública. Esto es, que si a un país le prestan por valor de 100 millones de euros y ha de devolverlo pasado un año, con una supuesta inflación del 100%, cuando el país deudor desembolse los 100 millones (terminos nominales) para saldar la deuda (dejando de lado los intereses), en realidad estará  pagando «sólo» 50 (términos reales). Así, y como ya habíamos dicho, si el nivel general de precios se ha duplicado, el valor de las deudas de hace un año son la mitad (100M€ / 2 = 50M€).