El FMI, un rápido perfil

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El FMI, siglas del Fondo Monetario Internacional, es una institución cuyo origen se remonta a la conferencia de Bretton Woods (1944), organizada por las entonces recién creadas Naciones Unidas. El ambiente internacional, con la terrible II Guerra Mundial a punto de finalizar, urgía a la necesidad de crear un organismo que coordinase los esfuerzos de las diferentes economías para crecer y que impidiese que se repitieran las devaluaciones competitivas que tuvieron lugar tras la finalización de la I Guerra Mundial y que fueron el caldo de cultivo en el que la Gran Depresión tuvo sus basamentos.

Si bien es cierto que en un principio el único objetivo del FMI era mantener una estabilidad monetaria a nivel mundial para que los países, y los ciudadanos que los integran, pudieran efectuar transacciones entre sí, poco a poco, especialmente a raíz de la crisis que comenzó en 2007, a este objetivo se le han ido añadiendo otros también de gran calado. Así, en la actualidad, los objetivos de la institución son la estabilidad macroeconómica y financiera de los 188 países miembros y, consecuentemente, de la economía mundial.

Las funciones del FMI se pueden resumir en tres: supervisión, asistencia financiera y asistencia técnica.

Supervisión

Es, tal vez, la función más importante que tiene el FMI. Es una labor constante a través de la que la institución revisa la situación económica mundial, las políticas económicas aplicadas por todos los países, miembros y no miembros, sus objetivos, su alcance y el grado de cumplimiento de los mismos. Así, el FMI asesora a todos sus estados miembros en relación a las medidas a implementar para que sus economías no caigan en crisis, no se desvíen de la senda de crecimiento y, en definitiva, se consiga mejorar el nivel de vida de la población mundial.

Los informes en los que se plasman las evaluaciones son de acceso público y pueden encontrarse en Perspectivas de la economía mundial, Global Financial Stabiility Report (sobre la evolución de los mercados financieros) y Fiscal Monitor (sobre la evoluición de las finanzas públicas).

Asistencia financiera

Esta es la función por la que últimamente se oye mucho hablar del FMI. El caso de Grecia, a quien la institución prestó una enorme cantidad de recursos, ha llevado el nombre del FMI a las primeras páginas de todos los periódicos del mundo.

Mediante esta función, el FMI otorga financiación a los países miembros que lo solicitan para permitirles afrontar las reformas que necesitan para corregir sus problemas y poder continuar su actividad por sí mismos. Lógicamente, el FMI trabaja junto a las autoridades de estos países para que los programas de ajuste tengan la efectividad que se busca con su implementación.

Asistencia técnica

La asistencia técnica puede realizarse tanto en economías sanas y sin problemas que pongan en peligro su estabilidad como en países con graves desequilibrios. Mediante esta función, el FMI pone a disposición de aquellos países miembros que la solicitan toda la experiencia que acumulan los 2.600 funcionarios que componen la institución. De esta manera, se les ayuda en todo lo que necesitan para poder implementar políticas eficaces.

El FMI se financia, principalmente, mediante las cuotas de los países miembros, que en 2014 sumaban unos 362.000 millones de dólares, cantidad que con el nuevo compromiso alcanzado llegará a doblarse. Asimismo, el FMI está facultado para solicitar préstamos hasta un máximo de unos 560.000 millones de dólares.

Aunque, como es lógico, el FMI tiene un órgano de decisión, el Directorio Ejecutivo, formado por 24 directores y presidido por Christine Lagarde, la Directora Gerente, la institución supranacional rinde cuentas ante los gobiernos de los 188 estados que la integran a través de la Junta de Gobernadores, compuesto por un gobernador por cada país miembro.

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¿Cómo afecta la inflación a las deudas?

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Para contestar a la pregunta primero hay que saber que, en economía, el valor de las cosas, es decir el valor de los bienes y servicios, así como de la deuda, se puede medir en términos nominales y en términos reales. En primero de ellos hace referencia al precio en sí del objeto, material o inmaterial en sí. Es decir, es lo que “dice la etiqueta que vale”. Este valor, en ausencia de depreciaciones por el uso u obsolescencia, no se modifica. Es decir, lo que hoy te cuesta 10 euros, en 20 años seguirá habiendo valido 10 euros. Hasta aquí sencillo.

La valoración en términos reales, cuyo entendimiento ya no es tan obvio, hace referencia al valor de las cosas en función de lo que valen el resto de los bienes, que quedan representados por el nivel general de precios. Este nivel general de precios, como todo el mundo sabe, puede subir (inflación) o bajar (desinflación o, si se prolonga en el tiempo, deflación), lo que afectará al valor real de las cosas. También puede mantenerse, lógicamente, aunque no es habitual que suceda. Así que, mientras no tengamos inflación, esto es, mientras el nivel general de precios se mantenga, el valor nominal y real de las cosas coincidirá. Sin embargo, si hay inflación o deflación, el valor real de las cosas se modificará. Esto es, si un libro vale hoy un euro y hay una inflación anual del 100% (caso extremo para que se comprenda el ejemplo), el libro, que seguirá valiendo en términos nominales un euro, en términos reales valdrá en un año la mitad (1 € / 2 = Precio nominal / Nivel general de precios actualidazo  = 0,5 €).

¿De qué manera influye la distinción entre valoración en términos nominales y reales a las deudas? Siguiendo con el ejemplo de los libros, influye en que si compras diez libros hoy con la promesa de pagarlos dentro de un año, es decir, si generas una deuda por valor de diez euros pagadera dentro de 365 días, y hay una inflación del 100 %, cuando, al pasar ese año, saldes la deuda mediante el desembolso de los diez euros, en realidad estarás pagando la mitad, ya que esos mismos libros valdrán, entonces, veinte euros. Es decir, que el dueño de la papelería cobrará efectivamente diez euros menos de los que cobraría si los cuadernos te los vendiese cuando efectivamente los pagas.

Esta explicación se puede extender, lógicamente, a la deuda pública. Esto es, que si a un país le prestan por valor de 100 millones de euros y ha de devolverlo pasado un año, con una supuesta inflación del 100%, cuando el país deudor desembolse los 100 millones (terminos nominales) para saldar la deuda (dejando de lado los intereses), en realidad estará  pagando «sólo» 50 (términos reales). Así, y como ya habíamos dicho, si el nivel general de precios se ha duplicado, el valor de las deudas de hace un año son la mitad (100M€ / 2 = 50M€).